Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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miércoles, 29 de octubre de 2014

VEINTIOCHO

Veintiocho es el número de la muerte;
veintiocho es el número de la vida.
Veintiocho las veces comprometidas
veintiocho de las almas en mi mente:
veintiocho son las cosas que quisiere;
veintiocho yo quisiere en cosas mías.
Veintiocho los respiros cada día;
veintiocho ochenta y cuatro me pudriere.
Veintiocho son mis células y genes;
veintiocho de diciembre yo nacía:
veintiocho son las madres campesinas;
veintiocho los ancestros que tuviese.
Veintiocho son los años que sintieren
veintiocho de los cortes que escondía:
veintiocho sea mi enojo y mi sonrisa;
veintiocho la locura que sufriese.
Veintiocho las verdades que escribiese;
veintiocho es mi silencio en la mentira.
Veintiocho es la «riqueza fementida»;
veintiocho de sus versos tradujese.
Veintiocho son los sueños que siguieren
veintiocho voluntades que cautivan
veintiocho parrafadas que ya escritas
veintiocho de sus líneas yo leyere.
Veintiocho son los cantos que escribiere;
veintiocho los anhelos con su rima.
Veintiocho ya es la angustia que lucían
veintiocho de mis gestos que sintieren
veintiocho en las miradas de la gente.
Veintiocho «las mentales celosías».
Veintiocho cuando impávido seguía
veintiocho de las órdenes por siempre.
Veintiocho son las horas que invirtiese
veintiocho o más destrezas que serían
veintiocho y previsión de ingeniería.
Veintiocho circunstancias predijere;
veintiocho son las teclas que se hundieren;
veintiocho las funciones que escribía:
veintiocho cuando el parto ya venía.
Veintiocho las recetas que comiese;
veintiocho los detalles e ingredientes:
veintiocho los programas de cocina;
veintiocho los intentos que mecían
veintiocho de los niños que durmiesen.
Veintiocho con mi hermana, que quisiese;
veintiocho de los libros aquel día
vientiocho de diciembre en que vivía
veintiocho en las velitas de pasteles.
Veintiocho los estúpidos cocteles;
veintiocho las personas que creían
veintiocho de mis gustos que mentía:
veintiocho será el ron que me bebiere;
veintiocho la propina que pidieren.
Veintiocho quemaduras yo sentía;
veintiocho de las playas que vería
veintiocho de las aburridas veces:
veintiocho los museos en que estuviere
veintiocho de las horas por un día.
Veintiocho de algún Goya en que veía
veintiocho exposiciones en que hubiese
veintiocho y más personas donde al verse
veintiocho y más lugares de la fila,
veintiocho y más suspiros se expelían.
Veintiocho cuando adentro se divierten
veintiocho visitantes que viniesen:
veintiocho son los mundos donde hacía
veintiocho mil museos con algún guía.
Veintiocho las pirámides en mente:
veintiocho escalinatas ascendiese.
Veintiocho al revelar fotografías:
veintiocho que en monedas costarían.
Veintiocho de los rollos no existiesen;
veintiocho los pixeles donde viese
veintiocho de las formas de una vida:
veintiocho situaciones que odiaría.
Veintiocho mis relatos más perennes.
Veintiocho, las historias que perdiese.
Veintiocho fue aquel día en que yo "me iría";
veintiocho cuando resucitaría.
Veintiocho son los dientes que sonrieren
veintiocho de las cosas que entendieren
veintiocho depresivos, de la prisa
veintiocho y menos veces consentida:
veintiocho es mi «Reflejo» en los papeles.

28 de Octubre de 2014
 
 

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