Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

·

La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

·


martes, 30 de septiembre de 2014

VERDAD EN LA MENTIRA


    Una mañana obscura cuando dispuse
    conmigo, junto a mí y frente al espejo,
    sobre un pequeño letrero de papel
    la palabra «Sí» que reflejada
    junto a la inversión de un hermano gemelo
    al cual jamás conocí, indicaba la palabra «No».

    Después aparté la palabra, tomé el peine
    y comencé a observar nuevamente en el espejo
    que el gemelo desconocido se encontraba
    cuidadosamente peinado, y con el peine blanco
    se despeinaba mientras que yo, al contrario,
    arbitrariamente despeinado y con el peine obscuro,
    como aquella mañana, iba peinando
    mi cabellera cautelosamente.
    Luego, mostrando una sonrisa, el espejo contestó
    con señales obscenas, con señales de luto...

    Una de mis diversiones era colocar
    un espejo frente a otro espejo,
    uno con la palabra «Sí» pegada sobre sí,
    el otro contestando con la imagen del «No»,
    el otro con el «Sí», y sucesivamente los veía discutir
    sin que la función de Dirichlet convergiera a algún límite.

    Otra diversión era situar frente al espejo frases del estilo
    «el espejo frente a mí sólo refleja verdades»,
    y encontrar que reflejaba una mentira,
    o bien que la frase mentía cuando el otro espejo,
    frente al espejo, decía la verdad, o la mentira,
    y era tan difícil saber que alguno de los reflejos
    fuese el verdadero, fuese el falso, o fuese el verdadero,
    hasta que la delta de Kronecker fuese delta de Dirac,
    o que Dirac se convirtiese en Kronecker,
    y nuevamente en Dirac.

    Eran sencillos este tipo de hábitos: el espejo
    reflejaba todo con certeza acerca de la falsedad.
    Las odas se transformaban en réquiem;
    los réquiem en forma de odas, en páginas blancas.
    Algún día las tonalidades densas, brumosas,
    que siempre encubrieron el espejo se tornaron como el aire
    si el humo de un cigarrillo invadía la habitación;
    y yo me encontraba absolutamente seguro
    de una tremenda confusión en mí.

    Y alguna vez escribiendo una historia sobre los espejos,
    donde éstos reflejaban todo fielmente,
    apenas haciendo siniestro lo que fuera diestro,
    y al situarla frente a un espejo de verdad en la mentira,
    comenzó a mostrarme la historia
    que hubiese transcrito en estas líneas.

    30 de Septiembre de 2014


No hay comentarios:

Publicar un comentario