Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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sábado, 23 de agosto de 2014

RESONANCIA EN UNO


A Rodolfo.

    Ve rompiendo brevemente las barreras
    de lo prohibido.
    Evita el mandato de ignorar el saludar de extraños,
    y quizá no adquieras alguna enfermedad:
    recuerda, la intención es “perder el asco”.
    Asco por un aliento ajeno
    que respira en tu cara arrojándote su vaho
    mientras cuenta historias suyas.

    Escucha sus palabras, escúchalas,
    porque en ellas te repugnarán los pensamientos,
    te repugnarán los pecados,
    y si cada falta fuese idéntica a las tuyas,
    sentirás vergüenza.
    No te engañes: otras personas han besado a tu interlocutor,
    y han intercambiado saliva,
    y Satanás les habla y seduce,
    y se conquistan mutuamente.

    Ellos,
    los que han roto brevemente las barreras de lo prohibido,
    ya comparten sus secretos,
    y se forjan muchos otros,
    e intentan ser una persona,
    un mismo vaho,
    la misma historia,
    y vivir en el mismo pecado, la misma seducción,
    el mismo sometimiento, la misma esclavitud.
    Entonces pierden la vergüenza y la comparten,
    como Adán y Eva,
    como Adán y Esteban,
    como Ana y Eva
    o cualquier combinación posible.

    No hay culpa en dicha forma:
    no hay Infierno cuando desaparece el Diablo,
    cuando la desnudez carnal es familiar,
    o si la desnudez del alma es igualmente familiar:
    un mismo vaho,
    un mismo cuerpo,
    la misma historia y las mismas palabras,
    escúchalas:
    recuerda que la voz propia deja de ser extraña
    cuando resuena en nuestro cráneo
    y no en los oídos del prójimo.
    Es romper con lo prohibido para hacer de toda frase
    la resonancia en uno cuando compartan y aprehendan dos,
    o más,
    el asco por un aliento ajeno,
    y que no les pertenece.
23 de Agosto de 2014


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