Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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jueves, 16 de enero de 2014

EN AQUELLO INVISIBLE


Murió mi hermano, el gemelo;
quizá fue por no alimentarlo.
Quizá por haber omitido
palabras de amor insensato.

Porque siempre eterna censura
ejercimos de nuestros reflejos.
Nunca vi en sus ojos ternura:
ternura faltaba en mi ceño.

Hechas prohibiciones prudentes
«hermano, conozco lo exacto
de ti por ser mío equivalente».
Tal motivo hizo separarnos.

Fue culpa mía por no impedir
que ocurriera lo inevitable,
ni siquiera intentarte avenir
a aquello ahora inexorable.

No obstante, esa culpa también
se reparte entre los que imitaron
mis acciones al marginarte,
al tenerte tan olvidado.

Es la culpa de nuestra madre
porque no evitó que murieras,
y también de tu padre hay culpa
por darte ese sino cualquiera.

Prosigamos haciendo notar
por tu muerte las exclusiones
que tus tíos y primos y abuelos
tampoco evitaron vivieses.

Ni un vecino, ni un amor, ahí,
ni un amigo desesperado,
por esquivar el desmayo, ahí;
ya jamás te habrás levantado.

Los perros y gatos transitan,
deambulan, qué hacer no saben,
ni en calle ni en casa se encuentran:
de tu perecer son culpables.

Con quienes tal vez compartiste
el transporte, el lado de acera,
no saben si aún vivo sigues:
su ignorancia igual los aterra.

No te verán desconocidos
ni despreciables enemigos,
para remediar lo antes dicho,
o que por ti jamás se hizo.

Muy cerca, árboles y viento,
muy lejos, estrellas malditas,
ni un leve destello emitieron,
nada, para salvar tu vida.

Las aves cantoras no dieron
alegría siquiera a tu alma
con tal del hechizo invocar:
por hacerte volver nada hicieron.

Ni los dioses ni mitologías,
ni los quedos rezos del mundo,
ni el vacío obscuro y profundo,
ni todo aquello que sería.

Desde ese comienzo explosivo
del que se escriben teorías,
hubo algo también por escrito
que decía que irte tendrías.

El Universo entero, en tanto,
la culpa encubre no importa,
lo grande que huya acelerando:
ese hecho es una parte suya.

Tú mismo permitiste caer
a tu alma hacia el negro vacío,
donde ahora no existe sentido
de lógica, sólo un abismo.

Como antes que eras nonato,
eres un no-vivo ahora.
Y antes también era el viento
tan culpable de tu no-obra.

Árboles, tierra, gran Universo,
tan enormemente presentes
no habían logrado que tus padres
hubieran dado pie al engendro.

Igualmente cuando vivo, tú,
viste misterios, perseguiste,
ahí estuvieron las aguas
de ese mar que no conociste.

Y los peces te alimentaron,
o las reses, cerdos, comiste.
Te amaron y no requeriste
a nadie más y alegraros.

Entonces también fuimos todos
de tu contento responsables.
Entonces tenía a mi reflejo
nuestra existencia mostrándome.

Jamás he tenido un gemelo.
Jamás me he visto al derecho
con claridad frente al espejo.
Puedo así intuir por lo absurdo

la verdad que brindan presente
y futuro al haber un destino
visible en la culpa de todo:
fantasioso en aquello invisible.

16 de Diciembre de 2013


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