Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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sábado, 20 de julio de 2013

TESTIGO DEL CONTEXTO

Mamá les encargó la olla a presión. Mamá confiaba en ellos. Aún confía mamá, pero ella no sabe qué hicieron durante su ausencia. Yo tampoco sabía lo que ellos habían hecho ese día, sin embargo, mi hermano tuvo a bien decírmelo. Tarde o temprano yo lo sabría y por tal motivo dedidió él que sería conveniente que yo supiera la verdad dicha por su propia boca:

¡Nos estabas espiando!
¡Sí!, porque no confío en ustedes.
Y, ¿desde cuándo estás grabando? ¿Conservas todos los videos?
Eso no te incumbe.
¡Nos estabas grabando! ¡Claro que me incumbe!
Tienes algo que ocultar, ¿o no?

Se hizo un silencio lleno de incertidumbre, y cuando pensaba retirarme, mi hermano me detuvo:

Espera. Si vas a ver lo que hemos hecho, al menos no se lo muestres a mamá.
No pensaba hacerlo.
Tengo que explicarte algo.
No lo hagas. Si está grabado, tarde o temprano lo sabré.
Tengo que hacerlo. Si lo ves, así lo requiere.
De acuerdo, habla.

Mi hermano calló por unos segundos, esperando sus palabras a tomar vuelo, como si él intentara prolongar el plazo hacia lo ineludible.

Cuando el dale, dale de la piñata con sus dulces palabras terminó, abrió la boca, inspiro y expiro, volvió a inspirar aunque brevemente y comenzó diciendo «Fue por amor». Luego prosiguió.

No me resistí y besé su mejilla. Cada vez que nos encontrábamos cerca surgía en mí el deseo de hacerlo. No sabía si era por amor. Pero volteó a mirarme, yo con la sangre, el corazón y los venas a tope, y me tomó la mano. Entonces comprendí que sí fue por amor.
No te preocupes. No se lo diré a nadie. Sólo tengo un consejo para ti, y es que no prolongues lo de ambos si no piensas revelarlo.
No sé qué hacer, hermana. Es amor, lo sé, pero tengo miedo.
¿Miedo? ¿A qué?
A los juicios de los demás.
Eso no debería ser un problema. Cuando hay amor, los juicios salen sobrando.
No sabemos qué hacer. No, no sabe qué hacer. En realidad fui yo quien tomó su mano. Al hacerlo, no se opuso, creo más porque yo se la estrujaba. Cuando solté su mano, no dijo nada. Ni «sí» ni «no».
¿«Sí» o «no» a qué?
Realmente no dijo nada. Pero ha seguido viniendo y me sigue tratando como antes. Yo no puedo soportarlo. Pienso que pretende tentarme.
Me parece que estás pensando en falso. Creo que sigue viniendo por compromiso. De alguna forma, así quedó con mamá, para ayudarla. Y no hace más escándalo porque es prudente. No valdría la pena discutir por algo que apenas tiene pasado, y que en ningún caso tiene futuro.
¡Pero sigue siendo amable conmigo! ¡Es muy dulce!
Así es con todos, no sólo contigo.

No seguimos conversando porque se escuchó el cerrojo abriéndose. Era mamá llegando de hacer las compras.

Cuando terminen las vacaciones, dejará de venir la tentación de mi hermano. Él ha recobrado la cordura, pero me ha pedido una copia del video cuando dio su patético beso. También me ha pedido las fotografías más nítidas que tuviera de su tentación a solas o de ambos. Digo, a pesar de estas peticiones, que mi hermano ha recobrado la cordura porque se ha hecho consciente de lo platónico de su situación.

Le he compartido las fotografías y el video por compasión: para que no extrañe tanto ni el lindo gesto ni el lindo rostro.

Yo no buscaba descubrirlo en nada. Instalé la cámara porque estaba al acecho de un ladronzuelo robando sistemáticamente parte de mi reserva de búlgaros. El ladronzuelo era mi madre. Y mi hermano descubrió la cámara porque la ladronzuela les encargó a él y a su tentación que limpiaran las alacenas, que hurgaran entre aquello caduco y aquello vigente. No le dije a mi hermano que había instalado la cámara, eso porque no confiaba ni en él ni en su tentación. Mi hermano ha confesado sus culpas, y su tentación ha pasado desapercibida en términos de mi cotidianidad. Sin embargo, sigo sin confiar en ellos, es decir, en la tentación de mi hermano, en mi hermano y en mi madre. Todos guardarán secretos en lugar de asumir que no los juzgaré por nada. No confío en nadie porque sé que ellos serían capaces de caer en la tentación; son la tentación. No confío porque ven en mí a un enemigo en lugar que a una hija complaciente o que a una hermana incondicional.

Mamá les encargó la olla a presión. Y yo soy la testigo del contexto entorno a la misma.

20 de Julio de 2013


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