Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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viernes, 31 de mayo de 2013

VOLAR CON LOS PIES SOBRE LA TIERRA



Los números son ideas
intuidas con evidencia,
formalizadas con símbolos,
pero desconocidas
por su definición.


***

Pedro, Pablo y Luis pertenecían a la pandilla de Pedro, y María, Tomasa y Benita pertenecían al grupo de señoras que además de ser madres de los niños antes mencionados, también se reúnían a bordar. Eran conjuntos la pandilla de Pedro y el grupo de madres que se reunían a bordar.

O a divulgar los chismes del pueblo, también era cierto. Cada conjunto podía representar distintas propiedades. En la pandilla de Pedro no sólo se reunían los niños a discutir sobre cómo hacer la vida imposible a las niñas, las de la pandilla contraria, sino también para ir a nadar y hacer lucha con agua en el río, o también para decidir cómo bajar del árbol las naranjas del granjero Josefino. A su vez, las madres de estos niños no sólo chismeaban: también observaban el trabajo de las compañeras, qué tan “bien” quedaba el bordado ajeno, qué tan buena esposa sería la hija de Sutanita para el hijo de Fulanita, volvían al bordado y de nuevo volvían a los chismes. Reiterando, cada conjunto podía representar distintas propiedades, o bien, en cada grupo se llevaban a cabo distintas actividades.

A cada niño de la pandilla le correspondía una madre. Pedro desobedecía a María, Pablo a Tomasa, y Luis le mientía a Benita. Entre la pandilla y el grupo de bordado existía una aplicación. Pedro aplicaba con María, Pablo con Tomasa, y Luis con Benita. Asimismo, cada niño conocía a las madres ajenas. Porque Pedro iba a la tienda de Tomasa para comprar dulces, Pablo a la de Benita para comprar juguetes, y Luis a la de María para comprar frutas. Las aplicaciones eran diversas entre la pandilla de Pedro y las madres con tiendas en el pueblo.

Pedro, el líder de su pandilla, se tomó la libertad de fraternizar a todos los miembros y les asignó un valor, de acuerdo a la fecha de adhesión. A Pablo le asignó el XX. A Luis el XXX. Como no había escuela en el pueblo, ninguno de los niños sabía más que jugar, jugar a que formaban una pandilla, a que vivían aventuras de gracia, pero no sabían ni leer ni escribir. Las madres de estos niños tenían asignado un asiento en la hilera de bordado. María estaba cerca de la ventana y veía lo que bordaba. Tomasa estaba en la sombra, pero veía lo que bordaba porque estaba sentada a lado de María. Benita fingía que bordaba. Cada miembro en cada conjunto estaba ordenado, es decir, se distinguían por el orden, quién era quién respecto a los demás.

Socorro llegó del pueblo vecino con Jesús, su hijo. Socorro buscaba un trabajo y estaba huyendo de sus padres. María la contrató como sirvienta. Jesús y Pedro amistaron de inmediato; el primero fue incluido a la pandilla del segundo. Para fraternizar, Jesús recibió el valor XXXX. Él tampoco sabía leer ni escribir. Socorro sabía bordar y acudía con María a las sesiones de bordado. También ella fingía bordar y además tenía frío. En ambos conjuntos, fue posible agregar a un miembro más. Éste nuevo miembro también se encontraba ordenado. Por supuesto, también era posible asociarlos con otros conjuntos. Porque Pedro asignaba valores; Pedro creó el conjunto de valores. Porque las mujeres tomaban asiento, de acuerdo al conjunto de asientos en el hogar de María.

Desde la primera sesión con Socorro, María llevaba elaborados ocho bordados, Tomasa seis, Benita cuatro entre fingido y fingido, y Socorro dos que llevaba hechos previamente a las sesiones. Jesús se percató de que teniendo XXXXXXXXXX y quitando dos veces el valor de cada uno se obtenía una X por cada bordado de cada una de sus madres. Pedro quiso comprobarlo: tomó XXXXXXXXXX, le quitó X y luego X, y efectivamente tenía XXXXXXXX, es decir, una X por cada bordado de su madre. También Pablo quiso comprobarlo: tomó XXXXXXXXXX, le quitó XX y luego XX, y efectivamente tenía XXXXXX, es decir, una X por cada bordado de su madre. Sorprendido por la audacia de Jesús, Luis comprobó lo mismo: tomó XXXXXXXXXX, le quitó XXX y luego XXX, y efectivamente tenía XXXX, es decir, una X por cada bordado de su madre. Jesús se percató de una función entre el valor de cada camarada en la pandilla y el valor de los bordados de cada madre. Una función, o la aplicación entre conjuntos cuando se trataba de valores.

Las madres se enteraron de lo dicho por Jesús. María dijo que el niño tenía una gran intuición. Tomasa prosiguió, que el niño se dio cuenta con sólo observar las cosas. Benita, sin embargo, no estuvo de acuerdo, porque el niño no era formal. Socorro no comprendió. Benita reiteró que Jesús no había probado la idea con peras y manzanas. Los niños no entendieron el comentario. Las madres se olvidaron del asunto.

Otro día, Jesús cogió unas peras y unas manzanas, las suficientes para cada X y para cada bordado. Le tomó un día entero y el apoyo de sus amigos. Juntos cargaron con el fruterio a la casa de María, en otro día de reunión. Jesús se tomó el atrevimiento de colocar diez manzanas sobre el bordado de María, recargándose éstas en el regazo de ella. Luego cambió dos manzanas por dos peras según cada X del hijo que le correspondía. Lo mismo hizo con Tomasa, con Benita y con su madre. Pidió a las señoras que pusieran las manzanas sobre cada bordado. Levemente desconcertadas, todas las mujeres se quedaron sólo con peras en las manos. María dijo que Jesús, aparte de ser intuicionista, era muy formalista. Tomasa confirmó que Jesús mostró lo observado con peras y manzanas. Socorro se mantuvo en silencio por la vergüenza y Benita no tuvo más que resignarse ante las peras y las manzanas.

Al día siguiente, Jesús visitó a Benita en su tienda de juguetes. Le regaló una naranja. Benita lo vio con ternura y le regaló, en reciprocidad, un trompo. El niño se fue feliz con el trompo, para jugarlo con el resto de la pandilla. Después, siguió jugando a las X's y los bordados, y que las señoras manzanas y las señoras peras formaban grupos de bordado y que bordaban muchos manteles sobre sus regazos. Encontró muchas funciones que mostró a sus amigos. Éstos jugaban con las funciones, luego con el trompo, y al atardecer correteaban a las niñas del pueblo que nada tenían que ver con las peras o las manzanas de Jesús, pero que eran tan bonitas que los hacían volar con los pies sobre la tierra.

31 de Mayo de 2013


 

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