Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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miércoles, 8 de mayo de 2013

CUANDO ESCRIBO

Siempre hace falta pasión.

La visión artística sobre un artista.
Günter Grass, un ejemplo del valor de la pasión.

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Cuando escribo, las verdades salen a flote. No porque posea la razón, sino porque tarde o temprano, si se es objetivo al escribir, la misma naturaleza de las cosas se devela. ¿Por qué habría ella de ocultarse a sí misma?

Cuando escribo, la claridad exige estética. Palabras que afloran por sus palabras hermanas, las que llaman al resto de la familia etimológica. Sonidos que imaginados le dan risa al encanto, ansiedad a lo eterno, y humanidad a lo divino.

Algunos escritores, a quienes me atrevo a tomar por colegas, conocen de antemano la verdad que manifiestan de principio a fin. Los entiendo, pues no toda la sabiduría se descubre: a veces se la redescubre. Sin embargo, el notable oficio de las letras y modismos implica deducciones que siempre se entrelazan con los vericuetos más sutiles o los más expandidos.

A veces, la verdad tienta al escritor a la configuración de líneas rebuscadas, llenas de sinsentidos, por las cuales sólo merece la impenetrabilidad de las conciencias tras convertirlas en sus enemigas y no en sus aliadas.

También existe esa breve tentación sobre el desvanecimiento de la identidad. Un ego impaciente sollozando y ahogándose en la alberca de lo coloquial. Cuando escribo, procuro eludir mis esfuerzos poéticos sobreelaborados y mis anécdotas brutas y desequilibradas.

La verdad es melódica en sí misma; la melodía en sí misma es como el acrílico: cristalina, sólida y transparente. Por mi parte, soy breve; un escritor de demostraciones cortas. No obstante, hay quienes logran hilvanar los hechos del Universo hasta alcanzar los límites del tiempo.

Cuando escribo, me acompañan los otros, de quienes hay que aprender el significado del «cuando» junto al valor del «escribir».

8 de Mayo de 2013


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