Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

RECUERDOS MUERTOS, OLVIDADOS

Rodaba la piedra, dejando leves rastros de su existencia; mucho polvo quedó a lo largo de la calle, toda ésta asfaltada e hirviendo bajo el cobijo sofocante y ardiente del sol. Una pareja de amantes se tomaba de la mano, compartiendo sudores sin sentir asco: la transpiración parecía emanar de la fuente vigorosa que antes habrían buscado los exploradores, aquellos conquistadores indómitos encarando lo salvaje del orbe, lo virgen.

Los dos eran jóvenes, andando paso a paso, husmeando entre las casas para juguetear: la excitación hormonal estaba ahogada, siendo las travesuras su única forma de avivar la pasión que el pudor ayudó a calmar prudentemente. Siguieron atraídos por los riesgos, topándose unas veces con perros feroces, otras llegando incluso a las cocinas donde el calor despertaba su apetito carnal, haciéndolos recordar la insensatez de su visita.

No sabían por donde iban; trastabillaban con paso seguro: se perdieron en un pueblo desconocido, aunque tenían la certeza de hallarse en el ámbito adecuado, siempre acompañándose entre sí. La piedrecilla abandonó su constante rotación, el sol fue ocultado por las nubes, y ellos no tuvieron opción: se mojaron regodeándose con la tormenta fría y misteriosa. Fue su aspecto fantasmal lo que parecía enigmático, abarcando toda la región, ahuyentado a los corazones desolados, incitando al amor.

Efectivamente, el único impedimento para destinar sus cuerpos a la pasión, las almas desoladas viéndolos, terminó siendo una ilusión del pasado reciente. Solos, se desnudaron sintiendo la lluvia verdaderamente intensa, y soltaron las riendas de su lujuria empapados hasta lo sublime. Una pared, la acera, poco pasto, todo les sirvió para constituir el lecho erótico que anhelaban. Sus manos palparon piel, fresca, tersa, bella al tacto, y sus bocas besaron todo lo que era posible besarse. Con muslos agotados por andar desde la mañana, su acto no fue tan candente como tierno, sin prisa. No extrañaban a ninguna familia, ninguna madre ni ningún padre. Tres semanas de aventura consolidaron su pasión de juventud, la huída de dos rebeldes consagrados a las andanzas desorientadas.

Lograron extasiarse; la lluvia no se detuvo, animada por su obra, provocando la unión épica entre el hombre y la mujer. Cayó el monzón anegando todos los rincones posibles. Inconscientes de la tragedia apuntada por el porvenir, se dedicaron a ellos chapaleando sensualmente. Pasaron pocos minutos y no pudieron tocar el suelo. La pareja nadó evitando las pausas, sin ropa, sin miedo, intentando alcanzar un árbol, una puerta, o simplemente sus vestimentas pues sabían que sin ellas serían rechazados como Adán y Eva del Edén. No alcanzando nada, se dejaron a la flotación, tratando de llegar al menos al cielo, un imperio derrumbándose sobre ellos. Al menos él sí logró este cometido: tras una avenida del agua, corriente violenta que atacó sin piedad (el agua no es piadosa), sus manos, tan juntas con el resol, se soltaron; la piedrecilla entró por la boca del muchacho y padeció éste la asfixia por quedarse atragantado. Su bella confidente no pudo aliviarlo: ni siquiera supo algo del cadáver.

Escampó. Ella, sola, tomó la ropa, escurriendo, de un tendedero descuidado. Recibió asilo de un par de ancianos y al día siguiente se olvidó de la alegría, de la tristeza, poniendo fin a su vida, resucitando mujer, tal y como moriría un siglo después.

17 de Marzo de 2012

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