Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

·

La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

·


miércoles, 12 de diciembre de 2012

NO SABEN LO QUE QUIEREN

Todos creen y confían en él, mientras él se burla de ellos en el trasfondo de un fraude. A las cinco de la mañana comienza a correr la furia de una sociedad a lo largo y ancho de los vagones de tren, donde la gente cabecea el sueño negado por la obligación, por el hambre, o por o la esperanza de no tener que padecer hambre, y a cada instante el desconsuelo se va haciendo permanente. Se abarrotan los asientos y los espacios vacíos con gente diversa; los más son jóvenes. En ellos es donde la esperanza yace, porque podrían erradicar la enfermedad más antigua de todas, nuevamente, el hambre. Todos siguen un rumbo sin trazar y que se halla determinado por la pasión descontrolada, por el amor desenfrenado, y por la estupidez a edades tempranas. Rara es la ocasión en la cual los eventos suscitados por aquellos impulsores del futuro son más sensatos; al contrario, siempre terminan siendo víctimas de tantas y tantas formas en que manifiestan su furia en favor de un progreso ilusorio. Él, también a las cinco de la mañana, se topa con un espejo y apenas se mira. Se viste con el traje comprado desde el día anterior, se peina según él lo entiende, la sirvienta le mejora la imagen y termina desayunando una hora después. La esposa es una farsa, al igual que todo lo que le rodea. Si él vive donde ha despertado es porque en algún instante de toda esa mentira se preocupa por sí mismo más que por cualquier otro contratiempo de la imaginación. Esa casa es el único efecto honesto de toda su vida posterior a la infancia. Sale en un automóvil y es fotografiado. Llega rápidamente a la oficina, apenas observa los primeros detalles del día y se asoma por el atril para dar una conferencia, misma donde confirma la mentira que sostiene desde el comienzo de su carrera política. Los incautos del tren han llegado a las escuelas, sitios de diversión pueril, para desligarse del destino que sus padres han trazado y plantearse uno menos útil. Ninguno se preocupa por las palabras reiteradas por el conferencista, y de todos, sólo algunos comprenderán parcialmente la realidad de la mentira completa. Sin embargo, las palabras referentes a aquel político son a favor en muchos casos y en contra para los no pocos casos restantes. Entre tanta pasión y desenfreno suben de tono algunas voces que pretenden imponer una opinión que jamás sería escuchada ni por el más atento de los presentes. Creen los hombres y mujeres recientes que logran algo haciendo aquello, cuando en verdad no logran mover ni siquiera a las conciencias más cándidas. Termina la conferencia. Vuelve el expositor a la oficina y comienza a realizar llamadas. La primera es al secretario de gobierno. Le pregunta sobre el dinero de la campaña próxima y recibe un mensaje con voz alentadora diciéndole que «todo va en marcha, como debe de ser». Ese dinero es necesario no para publicar propaganda, sino para comprar a los millonarios opositores. El profeta de la mentira da la orden de repartir los cheques. Algunos van destinados a los medios de prensa. Otros se dirigen a los sindicatos represores. Finalmente, el resto del día termina siendo como los anteriores y los posteriores: salidas públicas. Al mediodía asiste a un evento llamado “Encuentro con los jóvenes”. Las mismas reacciones que en las escuelas se presentan en el recinto de voces sin importancia, donde lo único aparentemente válido es la indiferencia. Efectivamente, el político habla de su próxima candidatura, pero no determina nada particularmente relevante. A pesar de la contradicción observada, reacciones a favor y en contra con un marcado desinterés, las dos horas de presentación terminan. Tantos gritos de ovación y tantos reproches incisivos, todos dirigidos al próximo candidato, no se resumen con el mensaje de molde enunciado por aquel hombre de intenciones abusivas, sino en las preferencias instintivas y salvajes de cada uno de los asistentes. Los jóvenes llegaron porque los llevaron, y porque se dejaron llevar, mientras que los promotores de tal “Encuentro” ejercieron su influencia impositiva (no definitiva) después de recibir órdenes como empleados burócratas que eran. Todo sigue igual. Las mentes inocentes no alcanzan a comprender lo efímero de la reunión porque continúan creyendo que logran cambiar al mundo con el simple hecho de sentir favoritismo por aquel farsante. El estafador, convencido de tener ganado el siguiente cargo público, se olvida sin remordimientos de cada una de las visitas a mil y un auditorios de trivialidad sostenida. Vuelve él a su hogar, el único refugio que reconoce, y continúa con la falsedad del resto de su existencia. Al final, nadie ha contribuido en nada, ni él con sus intereses aprehensivos y voraces para obtener el dinero que le otorgará poder (y viceversa), ni ellos con esos deseos irracionales por atender fanáticamente a un ídolo especialista en la estafa. Y jamás cambian al mundo, ni a las instituciones, ni al porvenir más próximo, porque no saben lo que quieren, porque no logran entender qué es lo que pudieren querer, y porque terminan resumiendo a la vida en distintas formas, sin pensar lo que en realidad deberían pensar, y sin hacer lo que en realidad deberían hacer.

7 de Julio de 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario